De manera laxa e informal, hablé aquí varias veces de ciertos factores extralingüísticos del aprendizaje de idiomas y del uso mismo del castellano. Se me ocurre ahora hablar del algún que otro factor extralingüístico que acompaña al castellano (o español) neutro.
Se me ocurre pensar que la existencia del castellano neutro se apoya, por ejemplo, en la tolerancia y flexibilidad de ciertos grupos receptores de un texto dado en dicho castellano neutro. El otro día, en otro artículo de este mismo blog, "Los límites del castellano neutro", dije que el castellano neutro es una combinación arbitraria de términos y, a veces, de estructuras sintácticas y modismos tomados del habla de las diversas jurisdicciones hispanoparlantes. En general, en el castellano neutro que oigo en documentales y películas, hay un claro predominio de términos y estructuras mexicanos; en segundo lugar, suelo pescar bastante del castellano que se habla en Venezuela, y me sorprende cuando encuentro algo que considero típicamente argentino; por ejemplo, en la serie "American Chopper" utilizan la exclamación "bárbaro", que se utiliza con ánimo aprobatorio en la Argentina, mientras que otras productoras prefieren utilizar el más neutro "genial" (yo misma lo uso, de hecho). Pero también en la misma serie emplean la palabra "manillar" para designar el manubrio de las motos, siendo la palabra "manubrio" la típica de uso argentino (o al menos porteño) y no "manillar".
Varias veces me pregunté qué produce la elección de unos términos y no de otros en esa mezcla que conforma el neutro de cada editorial o productora; tal vez la idea de que ciertos grupos de lectores/oyentes no tolerarían una mayoría de palabras de cuño argentino, pero sí que el público lector o televidente argentino sí es más permeable a los términos de cuño mexicano, venezolano o colombiano. Otro factor puede ser el factor "techito por si llueve": ante la duda, lo que se traduce en la Argentina lleva una gran carga de términos típicamente mexicanos, venezolanos o colombianos para no malograr por una cuestión idiomática una empresa tan cara como la producción cinematográfica o televisiva.
No sé bien si estas reflexiones son acertadas o no; posiblemente, cada productora/editorial tenga sus motivos para adoptar una forma particular del neutro. Lo interesante sería poder llegar a esos motivos de buena fuente.
El blog de Luisa Fernanda Lassaque. Una mirada argentina sobre el idioma castellano, el idioma inglés, la traducción de una lengua a otra, la filosofía del lenguaje, el lenguaje de los medios y yerbas anexas
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domingo, 28 de octubre de 2012
sábado, 19 de noviembre de 2011
AGGREGATE vs. agregado
El concepto que encierra el sustantivo AGGREGATE es el de "addition of several amounts so as to form a group or a composite; an amount or number which is made up of several and smaller amounts or numbers". Un ejemplo de uso: He spent an aggregate of fifteen years in different countries. Es decir, hablamos aquí de un "conjunto", de un "grupo", de un "total".
La misma palabra AGGREGATE opera como adjetivo y como verbo con un significado similar, pero en distinta función: If you aggregate the three figures, the total is 245. / The four countries have an aggregate internal gross product of several million dollars. En el primero de los ejemplos, utilizado como verbo, sería equivalente a "sumar"; en el segundo ejemplo, se trataría de la idea de "total".
¿Cuál es el concepto de lo “agregado”, en castellano? Es el concepto de lo añadido, de lo que se anexa, de algo que complementa una cosa ya existente. Estamos hablando, entonces, de ADDED; por ejemplo, el “impuesto al valor agregado” es el VALUE ADDED TAX.
En el ámbito de la economía se suele traducir la palabra AGGREGATE como "agregado"; por ejemplo, en el caso de la locución AGGREGATE DEMAND, se la ve traducida como "demanda agregada", cuando en realidad debería traducirse como "demanda total". Por ejemplo, en el Diccionario de Economía de Graham Bannock, R. E. Baxter y Ray Rees se define la AGGREGATE DEMAND o "demanda agregada" como "demanda total de bienes y servicios en la economía”. Aporto otro ejemplo: en el Dictionary of Finance and Investment Terms, de John Downes y Jordan Eliot Goodman, figura la definición de AGGREGATE SUPPLY de la siguiente manera: "the total amount of goods and services supplied to the market at alternative price levels in a given period of time; also called total output".
Se trata de un par de falsos cognados totales.
Tomado del Diccionario Crítico Lassaque de Falsos Cognados Inglés-Castellano Rioplatense, http://www.avlt.com.ar/, botón "Libros electrónicos".
La misma palabra AGGREGATE opera como adjetivo y como verbo con un significado similar, pero en distinta función: If you aggregate the three figures, the total is 245. / The four countries have an aggregate internal gross product of several million dollars. En el primero de los ejemplos, utilizado como verbo, sería equivalente a "sumar"; en el segundo ejemplo, se trataría de la idea de "total".
¿Cuál es el concepto de lo “agregado”, en castellano? Es el concepto de lo añadido, de lo que se anexa, de algo que complementa una cosa ya existente. Estamos hablando, entonces, de ADDED; por ejemplo, el “impuesto al valor agregado” es el VALUE ADDED TAX.
En el ámbito de la economía se suele traducir la palabra AGGREGATE como "agregado"; por ejemplo, en el caso de la locución AGGREGATE DEMAND, se la ve traducida como "demanda agregada", cuando en realidad debería traducirse como "demanda total". Por ejemplo, en el Diccionario de Economía de Graham Bannock, R. E. Baxter y Ray Rees se define la AGGREGATE DEMAND o "demanda agregada" como "demanda total de bienes y servicios en la economía”. Aporto otro ejemplo: en el Dictionary of Finance and Investment Terms, de John Downes y Jordan Eliot Goodman, figura la definición de AGGREGATE SUPPLY de la siguiente manera: "the total amount of goods and services supplied to the market at alternative price levels in a given period of time; also called total output".
Se trata de un par de falsos cognados totales.
Tomado del Diccionario Crítico Lassaque de Falsos Cognados Inglés-Castellano Rioplatense, http://www.avlt.com.ar/, botón "Libros electrónicos".
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Un idioma en busca de un pueblo que lo hable
Ése es el castellano neutro. Creo que nadie habla eso que se llama "castellano neutro", ya que se trata de un idioma artificial, una construcción compuesta de retazos, de pedazos, de palabras tomadas de aquí y de allá.
Es un idioma artificial generado a partir de cierta necesidad que tiene la industria del cine y de la televisión de llegar a la mayor cantidad de gente posible; es decir, un idioma y un acento que, justamente por no representar a ningún pueblo en particular, los abarque a todos y los una, aunque más no sea a través de una película o una serie televisiva.
Si nos ponemos a analizar cualquier texto escrito en castellano neutro, veremos que no hay un solo castellano neutro; cada productora televisiva arma un cóctel con lo que le parece más neutro, así que se podría decir que hay tantos castellanos neutros como personas que deciden qué es el neutro (o lo neutro) y qué no es el neutro.
Por ejemplo, hace tiempo pasaban por la extinta señal de cable "People and Arts" (no confundir con "Film&Arts") la serie "American Chopper". Era una serie muy entretenida que a mi marido le encantaba porque a él le gusta mucho todo lo que tenga que ver con herramientas, procesos y diseño. En el doblaje de esa serie aparecía la exclamación "bárbaro" como señal de aprobación, o bien aparecía "bárbaro" como adjetivo. Sin embargo, yo trabajo con castellano neutro para mis traducciones y lo que se prefiere es "genial" para idénticas situaciones.
También oigo muchas veces que en algunos doblajes aparece la palabra "carajo", así, en singular, que es un insulto muy habitual en el Río de la Plata. Llama la atención porque a veces podría definirse el castellano neutro como "todo aquello que no es porteño y que no sueña a porteño (ni a argentino)". El castellano neutro tiene una fuerte impronta mexicana o caribeña, así que este tipo de palabritas "argentas" las detecto enseguida y me llaman la atención.
Hay muchas palabras del castellano neutro -y ya lo dije en algún otro artículo de este mismo blog- que a los argentinos se nos hace necesario "reprocesar", por decirlo de alguna manera: para nosotros, la prenda de vestir, de tejido industrial tipo Jersey, de mangas cortas, escote redondo o en "V", más o menos corta o larga, liviana, de algodón, es una remera. En castellano neutro -y supongo que en México y en lo que es la cuenca caribeña- es una camiseta. Para el Río de la Plata, la camiseta es, en efecto, una remera, pero una que actúa sólo como ropa interior, en invierno, también de tejido de punto, también de algodón, pero tan blanca y anodina que la usamos debajo de la ropa de vestir.
Entonces, lo que me sucede con el castellano neutro es que en mi cabeza se me representa como un efecto "juego de la oca": ante una palabra pronunciada, y que para mí representa un concepto A, tengo que correr ese concepto A al siguiente casillero para que en el casillero que dejó vacante la palabra que representa el concepto A quepa la palabra que representa el concepto B, pero que en realidad, en esa entelequia que es el castellano neutro, representa el concepto A. No es tan complicado como parece.
Es una caso raro éste del castellano neutro: es un idioma que busca padres y madres, que busca un pueblo que lo hable. ¿Buscará un pueblo que lo hable?
Es un idioma artificial generado a partir de cierta necesidad que tiene la industria del cine y de la televisión de llegar a la mayor cantidad de gente posible; es decir, un idioma y un acento que, justamente por no representar a ningún pueblo en particular, los abarque a todos y los una, aunque más no sea a través de una película o una serie televisiva.
Si nos ponemos a analizar cualquier texto escrito en castellano neutro, veremos que no hay un solo castellano neutro; cada productora televisiva arma un cóctel con lo que le parece más neutro, así que se podría decir que hay tantos castellanos neutros como personas que deciden qué es el neutro (o lo neutro) y qué no es el neutro.
Por ejemplo, hace tiempo pasaban por la extinta señal de cable "People and Arts" (no confundir con "Film&Arts") la serie "American Chopper". Era una serie muy entretenida que a mi marido le encantaba porque a él le gusta mucho todo lo que tenga que ver con herramientas, procesos y diseño. En el doblaje de esa serie aparecía la exclamación "bárbaro" como señal de aprobación, o bien aparecía "bárbaro" como adjetivo. Sin embargo, yo trabajo con castellano neutro para mis traducciones y lo que se prefiere es "genial" para idénticas situaciones.
También oigo muchas veces que en algunos doblajes aparece la palabra "carajo", así, en singular, que es un insulto muy habitual en el Río de la Plata. Llama la atención porque a veces podría definirse el castellano neutro como "todo aquello que no es porteño y que no sueña a porteño (ni a argentino)". El castellano neutro tiene una fuerte impronta mexicana o caribeña, así que este tipo de palabritas "argentas" las detecto enseguida y me llaman la atención.
Hay muchas palabras del castellano neutro -y ya lo dije en algún otro artículo de este mismo blog- que a los argentinos se nos hace necesario "reprocesar", por decirlo de alguna manera: para nosotros, la prenda de vestir, de tejido industrial tipo Jersey, de mangas cortas, escote redondo o en "V", más o menos corta o larga, liviana, de algodón, es una remera. En castellano neutro -y supongo que en México y en lo que es la cuenca caribeña- es una camiseta. Para el Río de la Plata, la camiseta es, en efecto, una remera, pero una que actúa sólo como ropa interior, en invierno, también de tejido de punto, también de algodón, pero tan blanca y anodina que la usamos debajo de la ropa de vestir.
Entonces, lo que me sucede con el castellano neutro es que en mi cabeza se me representa como un efecto "juego de la oca": ante una palabra pronunciada, y que para mí representa un concepto A, tengo que correr ese concepto A al siguiente casillero para que en el casillero que dejó vacante la palabra que representa el concepto A quepa la palabra que representa el concepto B, pero que en realidad, en esa entelequia que es el castellano neutro, representa el concepto A. No es tan complicado como parece.
Es una caso raro éste del castellano neutro: es un idioma que busca padres y madres, que busca un pueblo que lo hable. ¿Buscará un pueblo que lo hable?
sábado, 26 de junio de 2010
La faceta afectiva del idioma
Se habla muchísimo en la red de “castellano (o español) neutro”. En este mismo blog ya publiqué algunos artículos y puntos de vista personales al respecto. En este artículo quiero profundizar sobre la faceta afectiva del idioma y su relación con el castellano neutro.
Todo idioma parte, entre otros elementos, de una serie de sobreentendidos entre sus hablantes. Se trata de frases, palabras, formas de decir, expresiones y hasta miradas (lenguaje gestual) que hace que los hablantes de ese idioma se sientan hermanados. Ésa es la faceta afectiva de todo idioma.
Un ejemplo de esa sensación de comunidad es lo que sucede con la Sra. Alicia Gallach, conductora de un programa de cocina que se emite por Utilísima. Cuando cocina un plato suculento y le pone ingredientes deliciosos en cantidad, invoca una frase que solía decir el cómico rosarino Alberto Olmedo: “Si lo vamos a hacer, lo vamos a hacer bien”. Es decir, parafraseándola, “ya que nos vamos a matar comiendo, pongámosle a este plato todos los ingredientes que lo hagan más rico”.
Alberto Olmedo decía esa frase en circunstancias diferentes. En cierto sketch de uno de sus programas cómicos, en algún momento aparecía vestido de mujer junto con Javier Portales, que también estaba vestido de mujer. Olmedo amenazaba con besar a Portales; éste se resistía y Olmedo remataba con la frase mencionada. Y fue una frase que circuló durante un buen tiempo, como reflejo del cariño que despertaba este dúo de comediantes.
Pero volvamos a Alicia Gallach: cuando ella dice la frase, sin necesidad de aclarar nada, todos los porteños, los bonaerenses y quizá también los argentinos del interior de la Argentina (según haya llegado el programa de Olmedo) entendemos. Entendemos sin tener que decirnos más. Y recordamos con cariño a Olmedo, recordamos la cantidad de programas impagables que hizo, las veces que nos hizo reír, sus películas (un tanto bizarras) con Jorge Porcel, todos sus personajes (como el Mago Ucraniano y Chiquito Reyes). Es decir, Alicia Gallach, con una sola frase, pero una frase que está atesorada no sólo en el acervo popular, sino también en la memoria afectiva de quienes hayan visto y disfrutado a Olmedo, nos lleva por una travesía afectiva. Y no lo hace con una grabación ni con un video: lo hace con una frase. Lo hace con palabras.
Al castellano neutro le falta eso. En su afán de ser neutro, de ser panamericano, de querer servir para todos los pueblos de Latinoamérica, no solamente se inclina más por el castellano mexicano, en un injusto desequilibrio a favor de un grupo de hablantes y en detrimento de todos los demás, sino que elimina por completo este tipo de frases que nos resuenan con afecto. Claro, quieren que sea un castellano esterilizado, pasteurizado, tratado con lavandina, sin ningún chancro, sin ningún microbio. En su afán de querer abarcar a todos, no abarca a ningún pueblo y no representa a nadie. A las productoras de cine y televisión, tal vez, pero no representa a ningún ser humano de carne y hueso.
Todo idioma parte, entre otros elementos, de una serie de sobreentendidos entre sus hablantes. Se trata de frases, palabras, formas de decir, expresiones y hasta miradas (lenguaje gestual) que hace que los hablantes de ese idioma se sientan hermanados. Ésa es la faceta afectiva de todo idioma.
Un ejemplo de esa sensación de comunidad es lo que sucede con la Sra. Alicia Gallach, conductora de un programa de cocina que se emite por Utilísima. Cuando cocina un plato suculento y le pone ingredientes deliciosos en cantidad, invoca una frase que solía decir el cómico rosarino Alberto Olmedo: “Si lo vamos a hacer, lo vamos a hacer bien”. Es decir, parafraseándola, “ya que nos vamos a matar comiendo, pongámosle a este plato todos los ingredientes que lo hagan más rico”.
Alberto Olmedo decía esa frase en circunstancias diferentes. En cierto sketch de uno de sus programas cómicos, en algún momento aparecía vestido de mujer junto con Javier Portales, que también estaba vestido de mujer. Olmedo amenazaba con besar a Portales; éste se resistía y Olmedo remataba con la frase mencionada. Y fue una frase que circuló durante un buen tiempo, como reflejo del cariño que despertaba este dúo de comediantes.
Pero volvamos a Alicia Gallach: cuando ella dice la frase, sin necesidad de aclarar nada, todos los porteños, los bonaerenses y quizá también los argentinos del interior de la Argentina (según haya llegado el programa de Olmedo) entendemos. Entendemos sin tener que decirnos más. Y recordamos con cariño a Olmedo, recordamos la cantidad de programas impagables que hizo, las veces que nos hizo reír, sus películas (un tanto bizarras) con Jorge Porcel, todos sus personajes (como el Mago Ucraniano y Chiquito Reyes). Es decir, Alicia Gallach, con una sola frase, pero una frase que está atesorada no sólo en el acervo popular, sino también en la memoria afectiva de quienes hayan visto y disfrutado a Olmedo, nos lleva por una travesía afectiva. Y no lo hace con una grabación ni con un video: lo hace con una frase. Lo hace con palabras.
Al castellano neutro le falta eso. En su afán de ser neutro, de ser panamericano, de querer servir para todos los pueblos de Latinoamérica, no solamente se inclina más por el castellano mexicano, en un injusto desequilibrio a favor de un grupo de hablantes y en detrimento de todos los demás, sino que elimina por completo este tipo de frases que nos resuenan con afecto. Claro, quieren que sea un castellano esterilizado, pasteurizado, tratado con lavandina, sin ningún chancro, sin ningún microbio. En su afán de querer abarcar a todos, no abarca a ningún pueblo y no representa a nadie. A las productoras de cine y televisión, tal vez, pero no representa a ningún ser humano de carne y hueso.
domingo, 20 de junio de 2010
Las contradicciones del castellano neutro
Dando por sentado que todos los que leemos este artículo sabemos qué es el castellano neutro (su naturaleza se analizará en algún otro artículo de este blog), me dispongo a enunciar aquí algunas de las contradicciones que su uso provoca.
Una de "La Niñera"
Por ejemplo, en el capítulo de La Niñera ("The Nanny", sitcom protagonizada por Fran Drescher) en que ella convence al Sr. Sheffield de dejar ir a Maggie (la adolescente y muy bonita hija mayor del Sr. Sheffield) a un kibutz, la Srta. Fine (Fran Drescher) rememora por qué le había gustado tanto a ella misma ir a trabajar a un kibutz en sus años adolescentes.
En voz alta, delante de su madre, recuerda que en ese kibutz perdió... ¿qué cosa? La virginidad. Pero no llega a decirlo; la mirada severa de su mamá se lo impide. Y reemplaza la palabra "virginidad" por "cachucha". La frase textual es: "Perdí mi cachucha".
Ahora bien: en el original ella dice "cap"; es decir, su gorrita. En la traducción de este capítulo, en lugar de traducir "cap" como "gorrita" (o "visera"), lo tradujeron como "cachucha". En el Río de la Plata (este blog lo escribe una porteña, aclaro), "cachucha" quiere decir "vagina", la vulva de la mujer. Es decir, no sólo no se echó mano de una traducción neutra, sino que se logró el mismo efecto que se quería evitar: nombrar la pérdida de la virginidad (que el autor del libreto quería "dejar en sombras") a través de la palabra "cachucha".
Una de los canales de cocina
Los canales de cable argentinos que emiten programas de cocina suelen brindar los equivalentes castellano rioplatense – castellano del resto de Latinoamérica de los nombres de ingredientes que se emplean localmente. El problema que, a mi entender, se plantea a veces es que tanto celo por brindar esos equivalentes pueda provocar una confusión.
Cuando un cocinero (o cocinera) dice: "Esta torta lleva 200 g de manteca o mantequilla", en realidad está diciendo: "el producto 'manteca' —denominación rioplatense— es el equivalente del producto 'mantequilla', que es una denominación vigente en el resto de Latinoamérica". Sin embargo, una escucha distraída podría decodificar: "Esta torta lleva 200 g de manteca o de mantequilla, lo que usted prefiera".
Pero lo más chistoso fue cierto programa de Utilísima, que ya no se emite, en el que a la producción, a la conductora y a los reposteros que allí se desempeñaban les había dado el "ataque de castellano neutro". De pronto, y coaches de castellano neutro mediante, las recetas eran una verdadera catarata de denominaciones latinoamericanas: el dulce de leche ya no era dulce de leche, sino "dulce de cajeta" (con la connotación vulgar y sexual que tiene la palabra "cajeta" en el Río de la Plata) o "manjar blanco" (¡cuando en Buenos Aires el dulce de leche es marrón!); la crema ya no era crema: era nata; el azúcar impalpable había dejado de ser azúcar impalpable y había pasado a ser "azúcar glass" (fantástico: si el castellano neutro va a tener palabras en inglés, estamos como queremos); la manteca, por supuestísimo, había dejado de ser manteca para ser mantequilla; las bananas dejaron de ser bananas para pasar a ser plátanos; la heladera pasó a ser el refrigerador...
En fin, una seguidilla interminable de términos neutros con los cuales, para mi gusto, yo dejaba de sentir cuál era la identidad del programa: por el acento de los participantes, me daba cuenta de que era argentino, pero esa pretensión de uniformidad de las denominaciones de productos (que no es tal, es una mentira, porque no hay una denominación que empleemos todos en América Latina) me hacía sentir perdida en algún paraje de América Latina. Es decir —e insisto, para mi gusto—, un sancocho.
Otra de castellano neutro del mismo canal Utilísima: en otro programa de pastelería dijeron: "En México, a las medialunas (denominación argentina) se las llama 'cuernitos'". Ajá. En Buenos Aires, los cuernitos son otra cosa: son también un producto panificado pero salado o de sabor neutro, hecho de una masa muy distinta de las medialunas. Además, los cuernitos porteños no tienen la forma de las medialunas.
El castellano neutro me da mucha risa
¿A dónde quiero llegar con este ejemplo, y también con el de "cachucha"? Que en numerosas ocasiones una palabra "A" que designa una cosa "A" en México o en algún otro país latinoamericano designa una cosa "B" en la Argentina, y si no en la totalidad de la Argentina, por lo menos en Buenos Aires. El castellano neutro, muchachos, es un imposible. Está lleno de este tipo de contradicciones.
Por otra parte, personalmente me encanta tomar contacto con otras culturas, otros acentos y otras variantes del castellano; pero el castellano neutro está privado de todo eso. No es un acento ni claramente mexicano, ni venezolano, ni caribeño, ni colombiano, ni peruano, ni argentino, ni de ningún otro país latinoamericano. La elección de las palabras es totalmente arbitraria. El castellano neutro impide algo muy lindo: identificar de dónde vienen ese acento y esas palabras que escuchamos, por ejemplo, en un documental o en un programa de cocina. En inglés sucede todo lo contrario: la nacionalidad de los textos, de los acentos y de los conductores o participantes de los programas pueden identificarse fácil y perfectamente. En el mundo anglosajón nadie oculta nada. Todos están orgullosos de mostrar su acento y "cómo dicen lo que dicen" (por ejemplo, decir "antenna" y no "aerial"), y me da la impresión de que un inglés entiende perfectamente a un estadounidense y viceversa.
Además, me interesa decir esto: es cierto que me gusta el contacto con otras culturas, como dije en el párrafo anterior. Pero también es cierto que en las grandes cadenas televisivas y en ciertos libros me gustaría encontrarme como porteña y como argentina. El castellano neutro prácticamente descarta todo lo que sea rioplatense, cuando, en realidad, hay, por una cuestión numérica, un importante consumo de libros y de programas televisivos en Buenos Aires. Me gusta escuchar y disfrutar del acento venezolano, chileno, portorriqueño o mexicano; pero luego tengo muchas ganas de volver a escuchar el castellano porteño con el que crecí y con el que vivo.
¿Si creo que hay alguna posibilidad de que haya una marcha atrás con el castellano neutro? No, y tampoco quiero que la haya. Si no, muchachos, ¿de qué nos vamos a reír en este blog?
Una de "La Niñera"
Por ejemplo, en el capítulo de La Niñera ("The Nanny", sitcom protagonizada por Fran Drescher) en que ella convence al Sr. Sheffield de dejar ir a Maggie (la adolescente y muy bonita hija mayor del Sr. Sheffield) a un kibutz, la Srta. Fine (Fran Drescher) rememora por qué le había gustado tanto a ella misma ir a trabajar a un kibutz en sus años adolescentes.
En voz alta, delante de su madre, recuerda que en ese kibutz perdió... ¿qué cosa? La virginidad. Pero no llega a decirlo; la mirada severa de su mamá se lo impide. Y reemplaza la palabra "virginidad" por "cachucha". La frase textual es: "Perdí mi cachucha".
Ahora bien: en el original ella dice "cap"; es decir, su gorrita. En la traducción de este capítulo, en lugar de traducir "cap" como "gorrita" (o "visera"), lo tradujeron como "cachucha". En el Río de la Plata (este blog lo escribe una porteña, aclaro), "cachucha" quiere decir "vagina", la vulva de la mujer. Es decir, no sólo no se echó mano de una traducción neutra, sino que se logró el mismo efecto que se quería evitar: nombrar la pérdida de la virginidad (que el autor del libreto quería "dejar en sombras") a través de la palabra "cachucha".
Una de los canales de cocina
Los canales de cable argentinos que emiten programas de cocina suelen brindar los equivalentes castellano rioplatense – castellano del resto de Latinoamérica de los nombres de ingredientes que se emplean localmente. El problema que, a mi entender, se plantea a veces es que tanto celo por brindar esos equivalentes pueda provocar una confusión.
Cuando un cocinero (o cocinera) dice: "Esta torta lleva 200 g de manteca o mantequilla", en realidad está diciendo: "el producto 'manteca' —denominación rioplatense— es el equivalente del producto 'mantequilla', que es una denominación vigente en el resto de Latinoamérica". Sin embargo, una escucha distraída podría decodificar: "Esta torta lleva 200 g de manteca o de mantequilla, lo que usted prefiera".
Pero lo más chistoso fue cierto programa de Utilísima, que ya no se emite, en el que a la producción, a la conductora y a los reposteros que allí se desempeñaban les había dado el "ataque de castellano neutro". De pronto, y coaches de castellano neutro mediante, las recetas eran una verdadera catarata de denominaciones latinoamericanas: el dulce de leche ya no era dulce de leche, sino "dulce de cajeta" (con la connotación vulgar y sexual que tiene la palabra "cajeta" en el Río de la Plata) o "manjar blanco" (¡cuando en Buenos Aires el dulce de leche es marrón!); la crema ya no era crema: era nata; el azúcar impalpable había dejado de ser azúcar impalpable y había pasado a ser "azúcar glass" (fantástico: si el castellano neutro va a tener palabras en inglés, estamos como queremos); la manteca, por supuestísimo, había dejado de ser manteca para ser mantequilla; las bananas dejaron de ser bananas para pasar a ser plátanos; la heladera pasó a ser el refrigerador...
En fin, una seguidilla interminable de términos neutros con los cuales, para mi gusto, yo dejaba de sentir cuál era la identidad del programa: por el acento de los participantes, me daba cuenta de que era argentino, pero esa pretensión de uniformidad de las denominaciones de productos (que no es tal, es una mentira, porque no hay una denominación que empleemos todos en América Latina) me hacía sentir perdida en algún paraje de América Latina. Es decir —e insisto, para mi gusto—, un sancocho.
Otra de castellano neutro del mismo canal Utilísima: en otro programa de pastelería dijeron: "En México, a las medialunas (denominación argentina) se las llama 'cuernitos'". Ajá. En Buenos Aires, los cuernitos son otra cosa: son también un producto panificado pero salado o de sabor neutro, hecho de una masa muy distinta de las medialunas. Además, los cuernitos porteños no tienen la forma de las medialunas.
El castellano neutro me da mucha risa
¿A dónde quiero llegar con este ejemplo, y también con el de "cachucha"? Que en numerosas ocasiones una palabra "A" que designa una cosa "A" en México o en algún otro país latinoamericano designa una cosa "B" en la Argentina, y si no en la totalidad de la Argentina, por lo menos en Buenos Aires. El castellano neutro, muchachos, es un imposible. Está lleno de este tipo de contradicciones.
Por otra parte, personalmente me encanta tomar contacto con otras culturas, otros acentos y otras variantes del castellano; pero el castellano neutro está privado de todo eso. No es un acento ni claramente mexicano, ni venezolano, ni caribeño, ni colombiano, ni peruano, ni argentino, ni de ningún otro país latinoamericano. La elección de las palabras es totalmente arbitraria. El castellano neutro impide algo muy lindo: identificar de dónde vienen ese acento y esas palabras que escuchamos, por ejemplo, en un documental o en un programa de cocina. En inglés sucede todo lo contrario: la nacionalidad de los textos, de los acentos y de los conductores o participantes de los programas pueden identificarse fácil y perfectamente. En el mundo anglosajón nadie oculta nada. Todos están orgullosos de mostrar su acento y "cómo dicen lo que dicen" (por ejemplo, decir "antenna" y no "aerial"), y me da la impresión de que un inglés entiende perfectamente a un estadounidense y viceversa.
Además, me interesa decir esto: es cierto que me gusta el contacto con otras culturas, como dije en el párrafo anterior. Pero también es cierto que en las grandes cadenas televisivas y en ciertos libros me gustaría encontrarme como porteña y como argentina. El castellano neutro prácticamente descarta todo lo que sea rioplatense, cuando, en realidad, hay, por una cuestión numérica, un importante consumo de libros y de programas televisivos en Buenos Aires. Me gusta escuchar y disfrutar del acento venezolano, chileno, portorriqueño o mexicano; pero luego tengo muchas ganas de volver a escuchar el castellano porteño con el que crecí y con el que vivo.
¿Si creo que hay alguna posibilidad de que haya una marcha atrás con el castellano neutro? No, y tampoco quiero que la haya. Si no, muchachos, ¿de qué nos vamos a reír en este blog?
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